Alargó la mano y encendió la luz sin salir de la cama. Apenas recordaba haberse quedado dormido. ¿Qué hora sería? Buscó su teléfono móvil en la mesilla, pero allí no estaba. Dirigió la vista al suelo y divisó, entre un montón de ropa, sus pantalones. Se estiró como un reptil, sin llegar a salir de las sábanas, y hurgó en los bolsillos de los vaqueros hasta dar con su teléfono. La pantalla estaba negra. Recordaba haberlo apagado en algún momento de la noche. Se volvió a tumbar boca arriba y lo encendió. Eran las once de de la mañana.
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Una mañana confusa
2013
